lunes, 27 de mayo de 2013

Un cuento no tan lindo de animales

En un mundo donde solo existen los animales, los cuales se comunican y viven como hacen los humanos en el mundo que vivimos, surge la historia de varios animales con un solo jefe. Eran de diferentes tipos y todos tenían su nombre en particular, pero al conjunto de estos animales se les llamaba los venecos los cuales trabajaban entre sí para progresar y tener bonito el bosque de Veneca donde vivían. Estos venecos vivían felices en un bosque frondoso que producía un extraño oro de color negro, muy apetecido por los demás reinos, islas y bosques del mundo. Además, Veneca estaba llena de lagos, comida, luz y elementos para vivir comodamente. A veces era costoso conseguir esas cosas: pero se conseguían. A pesar de esto, los venecos eran infelices con su jefe Carlos Rafael (y con razón). Carlos Rafael era un zorro que no tenía en cuenta a los venecos, solo se interesaba en sí mismo y sus amigos más cercanos. De vez en cuando, los productos de este maravilloso bosque se los llevaba a sus bodegas en otro bosque, para no compartirlos con los venecos.

Lejos de ahí, en una isla llamada Bacu, el jefe era un parásito gigante de barba llamado Fidelino que ya tenía sometidos a todos sus habitantes, no los dejaba salir de la isla y al que no le gustaba lo que él decía lo encarcelaba.  Bacu era una hermosa isla, donde sus habitantes no tenían todo lo que necesitaban para vivir; pues ya se les estaba acabando la sangre que Fidelino le había chupado por muchos años al bosque de Siarru (un bosque muy grande lejos de la isla de Bacu). Fidelino tenía un ejército de lagartos que lo protegían; y les daba casi todos los recursos que chupaba del pueblo de Siarru. Además, premiaba a los incompetentes del reino de Bacu dándole los mismos recursos a los incompetentes y a los que trabajaban; lo que incentivaba a los animales trabajadores a dejar de trabajar para mantener a los incompetentes. Fidelino, que desde hace muchos años sabía que se le iba a acabar la sangre que le chupaba a Siarru, estaba tras los recursos de un bosque vecino a Veneca llamado Tobolia. Para eso, adoctrinó a varios chacales y buitres que con la consigna de “para todos igual”, atacaran a sus habitantes, los mataran, los secuestraran y robaran por muchos años con el fin de tomarse el poder. Pero ya iban muchos años y no lograba su objetivo. Entonces pensó en Veneca, y contactó a los micos.

Entre los micos, había uno que se destacaba. Este mico, un poco más oscuro que los demás y que tenía una pequeña separación en los dientes de abajo; tenía por nombre Mandante Hugo. El mico Mandante Hugo tenía una personalidad envolvente con los que lo oían, y decía lo que le gustaba y no le gustaba de una forma muy particular y agradable. El mico Mandante Hugo saltaba de rama en rama y era muy amable con todos los animales parte del reino de los venacos. Al mico Mandante Hugo no le agradaba el zorro Carlos Rafael; pero no sabía como hacer para no seguir teniéndolo como jefe. El parásito Fidelino sabía esto; e invitó a Mandante Hugo a Bacu y empezó a hablarle y a enseñarle como ser el líder de Veneca aprovechando las habilidades tan grandes que tenía para hablar y socializar con los habitantes. El parásito Fidelino le decía al mico Mandante Hugo “aprovecha que Veneca está llena de oro negro y promete todo lo que puedas”. En el pasado, el mico Mandante Hugo ya había tenido antes contacto con los chacales y buitres de Tobolia y le preguntó a Fidelino “¿También les digo que para todos lo igual?”. Fidelino se quedó pensando un buen rato. Su experiencia sometiendo a los habitantes de Bacu, le había enseñado que lo importante para buscar animales ciegos que te sigan no es ofrecerles igualdad de oportunidades; sino que consistía en quitarle al que tiene para darle al que no tiene, así no haya trabajado por eso; enseñarles eso como ideología y hacerlos luchar solo por la ideología, no luchar por la producción. Y que los pocos habitantes que produzcan, alimenten a todos los parásitos y lagartos que están sobre los demás habitantes. Y entre más habitantes sin recursos tenga la población, más fácil es lograrlo y someterlos. Pero también tenía como experiencia el pueblo de Tobolia, que tras muchos años de tratar de someterlo, no había caído a sus pies. Entonces Fidelino respondió: “no. No lo hagas. Los animales no saben que es lo que quieren hasta que se lo impongamos. Primero entra a liderarlos y después aplicamos toda nuestra sabiduría”. En ese momento, el mico Mandante Hugo se sintió ungido por el parásito Fidelino por todo lo que le estaba transmitiendo. Pero todavía le asaltaban algunas dudas. Entre esas estaba “¿cómo haces para mantener a la población de Bacu sometida, todo el tiempo comiendo lo mismo y sin conocer el mundo exterior?”. El parásito Fidelino soltó una gran risotada, como si estuviera esperando esa pregunta desde que conoció al mico Mandante Hugo. “Hijo”, le dijo de manera enternecedora pues le estaba transmitiendo su sabiduría. “Nunca te responsabilices de los problemas. Lo importante es siempre buscar a algún culpable, para que así le des más recursos a lagartos que te protejan y sometan a los demás habitantes. Yo ya tengo varios años culpando de todo al reino de Gringonia y me ha funcionado. Entonces aprovecho eso para darle más recursos a los lagartos, tenerlos contentos, que me protejan y seguir sometiendo a la población”. “Además”, continuó, “tienes que buscar ante los demás reinos parecer un Robin Hood, mostrar esa ideología. Así encontrarás seguidores por todas partes. Además yo tengo muchos años así, lo que me ha dado tiempo de adoctrinar a nuevos habitantes casi desde que nacen”. Lo que si evitó Fidelino decirle a Mandante Hugo, fue que por su carácter de parásito lo principal para sobrevivir era la sangre de los demás reinos y así buscar los recursos para los lagartos y algunos habitantes de Bacu.

El mico Mandante Hugo, volvió muy contento a Veneca para aplicar todo lo que le había enseñado el parásito Fidelino. Y habló con todos los venecos, y pues como la mayoría estaba cansado de su líder Carlos Rafael porque muy poco se fijaba en ellos y se llevaba muchos de los recursos de Veneca a partes desconocidas. Al poco tiempo, el mico Mandante Hugo llegó a ser el líder de los venecos y la mayoría de los habitantes de Veneca estaban felices.

El mico Mandante Hugo estaba feliz (y por supuesto el parásito Fidelino también). Todas las enseñanzas recibidas habían rendido sus frutos y pues no encontraba la forma de agradecerle a Fidelino. Tenía todo un bosque lleno de recursos y del tan apetecido y raro oro negro. Los primeros años de su liderato empezó a quitarles las cosas a los amigos de Carlos Rafael y a dárselas a los que no tenían. Y le agradecía a Fidelino enviándole oro negro. Después empezó a repartir el oro negro entre todos los habitantes. Y le agradecía a Fidelino enviándole oro negro. Y como el Mico Mandante estaba tan contento viendo que los habitantes de Veneca lo adoraban por lo que hacía, también quería que el mundo lo adorara. Entonces empezó a regalar el oro negro propiedad de los venecos a los demás bosques y reinos para que lo adoraran también. Y le agradeció a Fidelino enviándole oro negro propiedad de los venecos también.

El mico Mandante Hugo, rodeado por sus más leales amigos estuvo varios años muy feliz liderando a Veneca. Vivía muy contento liderando al lado de sus amigos el gorila con cara de asno Platanito, el burro Elí (que parecía que siempre tuviera sueño), la rata Peluquín, la hiena Andrea, la medusa Regan y el sapo Chiflido entre otros. Y solo podían trabajar con ellos los que pensaran igual, no importaba si sabían hacer o no su trabajo. Además, el mico Mandante Hugo pensaba que el oro negro era para siempre y vendía hasta el que no tenía, prometiendo entregarlo en un futuro cercano. De esta forma, le empezaron a llegar cosas a los venados, gatos, conejos y perros sin un buen hogar; que hacían parte de la mayoría de los habitantes de Veneca y que nunca habían recibido nada de su anterior líder Carlos Rafael. Además, contó con la ayuda del parásito Fidelino, que le envió algunos de sus mejores lagartos para que lo protegieran y entrenaran a algunos lagartos venecos. Entre los perros, Mandante Hugo y sus más leales amigos escogieron a los perros sarnosos. Su misión era no trabajar ni hacer nada; solamente era defender lo que ellos estaban haciendo. Y por eso recibían recursos del oro negro. ¡Ahora sí se podía implementar el lema: “para todos igual”! De un momento a otro, el mico Mandante Hugo, líder de todos los venecos, empezó a pensar que todo lo de Veneca era de él, que podía hacer con las cosas de los venecos lo que quisiera y que no tenía que rendirle cuentas a nadie. Para eso se apoyaba en los lagartos (tanto propios como de Bacu), sus leales amigos, los perros sarnosos y los chacales. Estos chacales eran animales del común (algunos amigos de los chacales y buitres de Tobolia), a los que la rata Peluquín y el sapo Chiflido les dieron armas para amedrentar a los que no pensaran como ellos; y les pagaban por eso (y para que no tuvieran que trabajar). Y como el lema era “para todos igual”, el mico Mandante Hugo se creía con el poder (y lo tenía) para decidir como distribuir las cosas y que sus leales amigos y los animales lacayos de sus leales amigos administraran las cosas. Entonces aparecieron muchas cucarachas que trabajaban para los líderes y que decían tener el mismo pensamiento, a administrar todo lo que el mico Mandante Hugo les decía. Estas cucarachas al ver que había tanto, pensaron que estos recursos que les dieron a administrar nunca se iban a acabar; por lo que cogían la mayor parte para ellos y los guardaban en unas bodegas afuera de Veneca. Y si estas cucarachas veían que algún otro animal los veía haciendo esto, se indignaban y decían que era mentira y que todo lo hacían a nombre de su supremo líder el mico Mandante Hugo. Entonces, el mico Mandante Hugo al ver que seguía siendo alabado, se ponía contento y no hacía nada.

De un momento a otro, empezaron los problemas. Con tanta regaladera del oro negro y que nadie quería trabajar porque su líder el mico Mandante Hugo les iba a ayudar, empezaron a escasear los recursos. Había que conseguir más recursos para que los habitantes lo siguieran adorando sin tener que obligarles a trabajar para ganarse las cosas. El agradecimiento que le enviaba diariamente a su mentor el parásito Fidelino debía continuar, no podía dejar que los líderes de los otros bosques lo dejaran de adorar, tenía que tener contento a los lagartos enviados por Fidelino y los propios y además tener contentos a los perros sarnosos, las cucarachas y a los chacales; que de vez en cuando se les pasaba la fuerza amedrentando y terminaban matando a los otros animales. En lo anterior se iban los principales recursos del oro negro. Faltaba lo secundario, algo para los animales del común, pues él necesitaba que lo adoraran. Era difícil conseguirlo, porque muy pocos querían trabajar. Y con estos problemas, algunos animales empezaron a matar a los otros con las armas que les dieron la rata Peluquín y el sapo Chiflido. Además empezaron a aparecer los osos; unos animales muy molestos que cuestionaban todo lo que ellos hacían. Empezó a surgir en el mico Mandante Hugo el miedo a que los animales de Veneca y el mundo lo dejaran de adorar. El mico Mandante Hugo consultó al parásito Fidelino: “¿qué hago?”. Fidelino, que era un ser al que solo le importaba su propio bienestar, seguir chupando los recursos de Veneca y que el mundo pensara como él le dijo con una leve sonrisa, “por ahora, lo importante es mantener el poder. Los habitantes nunca van a saber que es lo que quieren, se lo tenemos que imponer. Y para mantener el poder y hacer que te adoren hay una fórmula muy sencilla que te la expliqué la primera vez que nos vimos: no te responsabilices de nada. Tienes a muchos que culpar: culpa al reino de Gringolia, al anterior líder el zorro Carlos Rafael y a los osos molestos. Para eso, tienes que valerte de los perros sarnosos que les pagas para que te alaben, de los chacales y de los lagartos”. Le preguntó entonces al mico Mandante Hugo:

-         ¿Cuántas cucarachas trabajan para ti?
-         No se… muchas.
-         Y ¿estas cucarachas le dan trabajo a algunos animales?
-         Algunos animales.

Entonces el parásito Fidelino se lo dijo sin rodeos: “si no te adoran, oblígalos a adorarte”. Le explicó, que entre los osos podría surgir algún oso que quisiera ser el líder de los venecos, y eso había que atajarlo desde antes que sucediera. Por eso tenía que inventar muchos supuestos trabajos en Veneca (así los animales no tuvieran que trabajar), para decir que estaba generando recursos para los venecos. Y que tuvieran claro, que si tu llegas a faltar, dejan de recibir de los recursos que da Veneca. Y que lo importante no era conseguir animales que supieran lo que están haciendo, sino animales que pensaran igual que ellos. A los animales competentes pero que no pensaran igual que ellos había que sacarlos y llamarlos “traidores” o “infiltrados”. Entonces empezaría a generar miedo a los que no pensaran igual y los controlaría y obligaría más fácil.

El mico Mandante Hugo volvió a Veneca y empezó a aplicar lo enseñado por el parásito Fidelino. Le funcionaba a la maravilla; a pesar de que ya empezaba a escasear el agua, habían menos árboles, los animales se estaban matando entre sí y la resistencia de los osos. Ya el pago que recibían los animales no alcanzaba para conseguir lo que querían; y a veces ni encontraban lo que querían. El mico Mandante Hugo culpaba a Gringolia si mataban animales, culpaba al zorro Carlos Rafael si no habían árboles, y culpaba a los osos si no había un pago justo por sus trabajos; solo por poner algunos ejemplos. Entre los osos y sus aliados, habían unos que se destacaban; como el oso pardo Nilson, el oso de anteojos Arrio, el oso café Capri, el leopardo Lopi y la lechuza Manchada. Todos estos animales y sus aliados eran molestos para el mico Mandante Hugo; por lo que a menudo hablaba de “exterminarlos” y los trataba de “majunches”. Los leales amigos del mico Mandante Hugo ya no los veía tan leales. Veía que la rata Peluquín tenía su propio ejército de lagartos y sacaba los recursos a mega bóvedas fuera de Veneca. Los demás “leales” amigos, aunque no tenían su propio ejército de lagartos; aprovechaba para sacar también recursos fuera de Veneca a bóvedas en el exterior. Y eso estaba pasando hasta al nivel de las cucarachas. Pero bueno… lo veía como unos pequeños errores porque Veneca estaba llena de oro negro y pues él también tenía muchos recursos propiedad de los venecos fuera de Veneca en bóvedas en el exterior. Y pues ese era el precio que había que pagar para que lo adoraran, y pues el oro negro de Veneca era su caja menor y podía disponer de este como quisiera, porque él tenía muy claro que Veneca, los venecos y todo lo que producían era de él y solo de él.

Ya todo no era tan fácil. Los venecos empezaron a mostar su descontento porque ya no tenían para vivir bien, siendo uno de los reinos del mundo con mayor cantidad de oro negro en el mundo. No tenían las cosas que les gustaban y algunos animales estaban matando a los otros. Y el mico Mandante Hugo veía en eso un problema, porque él tenía que obligarlos a que lo siguieran obedeciendo y en segunda instancia adorando. Les insistía que no tener cosas era lo mejor (aunque él y sus amigos sí las tenían); y buscaba que todo eso se propagara mediante los perros sarnosos que cada vez eran más. Y entre los osos y sus aliados (como lo había previsto el parásito Fidelino); surgió el oso café Capri que quería ser líder de los venecos. Muchos animales empezaron a seguir a Capri. Había que pararlo. Para eso había que utilizar a fondo la defensa de propaganda de los perros sarnosos, la violencia de los chacales y el insulto y sometimiento proporcionado por las cucarachas. Había que buscar animales que en un momento fueron desamparados y convencerlos de que si él faltaba, les iban a quitar lo que tenían. Pero para hacer eso, necesitaba recursos y había poco. Se acordó de que había un oro amarillo que Gringolia le estaba guardando a Veneca. La solución fue sencilla: con ese oro amarillo se financiaba todo el andamiaje para que lo siguieran eligiendo como el líder. Entonces, pidió el oro amarillo y se repartió financiando los lagartos, los chacales, las cucarachas, los perros sarnosos, sus amigos, otros reinos, algo que se perdió no se sabe donde, una pequeña parte solucionando problemas y el resto lo guardó en el lejano reino de Chinolia.

Una victoria segura, pues el oso café Capri jamás contaría con los recursos de Veneca para hacerse líder. Pero había algo con lo que no contaba: al mico Mandante Hugo le descubrieron una enfermedad mortal. El más preocupado por esto fue el parásito Fidelino. Claro, podían enviar al mico Mandante Hugo a Gringolia a que lo curaran; ya que tenían los recursos necesarios para curarlo. Pero ¿qué tal que no pudieran curarlo? ¿cómo podría seguir chupando los recursos de Veneca?. Convenció a la familia del mico Mandante Hugo que en Bacu lo podían curar (aunque fueran pocas las probabilidades); porque ya tenía un plan B por si se moría el mico Mandante Hugo. Para eso, se consiguió al más manipulable y menos inteligente de los amigos del mico Mandante Hugo: el gorila con cara de asno Platanito. Él sería el encargado de acompañar todo el proceso de tratamiento del mico Mandante Hugo; y sería adoctrinado en caso de que pasara lo peor. Estaban en proceso de elegir un nuevo líder para Veneca y sucede esta calamidad. El parásito Fidelino ve que si hay un cambio de líder tan abruptamente, puede perder de un momento a otro los recursos que succiona de Veneca. Con la llegada del gorila con cara de asno  Platanito a Bacu, se tranquiliza un poco; pero por en ese momento lo importante es mantener el poder. Entonces, aún sabiendo que puede matarlo, el parásito Fidelino suspende el tratamiento del mico Mandante Hugo y lo manda de nuevo a Veneca para que conserve el liderato. Si todo sale bien, pues sigue chupando de Veneca tranquilamente; y si pasa lo peor, pues ya tiene el plan B: el gorila con cara de asno Platanito. Como lo principal es mantener el poder, el parásito Fidelino aprovecha las ansias del mico Mandante Hugo de querer ser adorado por todos en toda parte, y le dice que diga que está curado; para que lo sientan como inmortal y un gran líder. Así, enfermo, convaleciente y con la complicidad de sus hijas las chimpancés Gabriela y Virginia; vuelve a Veneca a buscar continuar con el poder. En Veneca continúa con un tratamiento que lo hace ver bien por el momento pero que a corto plazo lo va a matar; solo para complacer al parásito Fidelino. Con los recursos del oro negro y amarillo y su presencia en Veneca; los animales lo escogen de nuevo como líder. El parásito Fidelino respira tranquilo y ve parte de su plan consumado, pues el mico Mandante Hugo no ha muerto antes de ser líder de los venecos. Ahora a consumar la siguiente parte del plan. Logra comunicarse desde Bacu hasta Veneca con el mico Mandante Hugo y le dice: “hijo, ya lograste mantener el poder que es lo más importante de nuestro lema para todos igual. Todos te aman. Ahora porque no vienes y descansas aquí un rato. Pero di que asignas al gorila Platanito por si no te sientes muy bien para gobernar”. Ya el parásito Fidelino sabía que había matado desde hace tiempo al mico Mandante Hugo, pero él sabía muy bien que decir y que no, para lograr sus propósitos. El mico Mandante Hugo, que no cabía de la dicha por sentirse el ungido del parásito Fidelino, obedeció al instante al parásito Fidelino; dejó al gorila Platanito como su sucesor y viajó inmediatamente a Bacu.

En Bacu, sucedió lo temido: murió el mico Mandante Hugo. El parásito Fidelino con la complicidad del gorila con cara de asno Platanito, las chimpancés Gabriela y Virgina, y la ameba Jorgilio (esposo de la chimpancé Virginia); ocultaron la muerte del mico Mandante Hugo. Además, el parásito Fidelino tenía a su favor que las chimpancés hijas del mico Mandante Hugo, ni tenían remordimiento por mandar a su padre a morir a Bacu, y hasta se prestaron para hacerse un retrato falso y mostrárselo al pueblo de Veneca. Entonces, mandaron muerto y escondido al mico Mandante Hugo a Veneca; y a los pocos días de llegar, el gorila con cara de asno Platanito anunció la muerte del mico mayor. Y el gorila con cara de asno Platanito dijo que quería ser el líder de los venecos. Para eso, usó a los perros sarnosos que no trabajaban para empezar la propaganda a favor del nuevo ungido por el mico Mandante Hugo y el parásito Fidelino, valerse de los lagartos de Bacu y los chacales para amedrentar a la los habitantes de Veneca, y que las cucarachas amedrentaran con quitarles las cosas a las personas que no eligieran al gorila con cara de asno Platanito. Porque empezó a surgir con fuerza el oso Capri, que quería ser el líder de los venezolanos y eso no podía ser. El gorila con cara de asno Platanito designó al sapo Chiflido a que dirigiera a los perros sarnosos. El sapo chiflido era experto en difamar, mentir y ser violento (pues había sido entrenado en Bacu). El sapo chiflido sabía arrodillar masas y controlar animales sin voluntad que solo repitieran lo que él decía; y pues los animales con menos voluntad que había en Veneca eran los perros sarnosos. Pero, a pesar de toda esa infraestructura para quedar líder, no la veían tan fácil por el surgimiento del oso café Capri que buscaba un mejor vivir para los Venecos.

Una de las cosas con la que no contaba el parásito Fidelino, era la poca inteligencia del gorila con cara de asno Platanito. Tenía todos los recursos para seguir siendo líder, y tenía una gran sumisión a él; pero cada vez que hablaba se le veía más lo asno que lo gorila. Como no confiaba poder seguir chupando tranquilamente los recursos de Veneca si el oso café Capri llegaba a ser el líder; ideó un plan para de que el gorila con cara de asno Platanito siguiera con el poder en Veneca.

Llegó entonces el momento de los venecos de elegir quien sería su líder. Y como se temía el parásito Fidelino, la mayoría de los venecos eligieron al oso café Capri. Pero entre el plan del parásito Fidelino estaba el adoctrinamiento que le dio a una cerda llamada Pilisai. La cerda Pilisai modificó mediante técnicas provistas por el parásito Fidelino con ayuda de los lagartos, los chacales y las cucarachas; los resultados dados por el pueblo de Veneca y entregó como ganador al gorila con cara de asno Platanito. El fraude fue muy evidente; y el oso Capri y sus aliados protestaron. Entonces empezó la propaganda liderada por el sapo Chiflido y sus arrodillados perros sarnosos para mantener al gorila con cara de asno Platanito en el poder. Y siguiendo los mismos pasos del mico Mandante Hugo, el gorila con cara de asno Platanito empezó a visitar a los líderes de los reinos cercanos a regalarles oro negro con tal de que dijeran que él si era el líder de Veneca. Porque, aunque Veneca tenga menos árboles, menos agua, menos aseo y esté cada vez conviertiéndose cada vez en un mundo más asqueroso; los que eran los leales amigos del mico Mandante Hugo no van a dejar de sacar recursos en beneficio propio para ellos, las cucarachas están felices amedrentando y recibiendo ganancias por eso, los chacales están felices matando y recibiendo ganancias por eso, los perros sarnososos están felices sin trabajar solo por decir que están arrodillados y reciben ganancias por eso; y todos los que están felices porque reciben ganancias por no hacer nada quieren que todo siga así. Pero quedó demostrado que la mayoría de los venecos no quieren que las cosas continúen así; sino que mejoren. Y en este momento, así estén hundidos en la podredumbre heredada del mico Mandante Hugo, estos venecos amigos de los osos siguen luchando para tener una Veneca mejor. Es difícil el camino, pero solo les toca seguir luchando por el cambio; porque sus líderes cuentan con muchos recursos producto de Veneca para seguir amedrentando a la población.

Lastimosamente esta historia tiene un final triste; que se puede convertir a futuro en un final feliz dependiendo de la lucha que continúen los venecos que busquen una Veneca mejor.


FIN