En un mundo donde solo existen
los animales, los cuales se comunican y viven como hacen los humanos en el
mundo que vivimos, surge la historia de varios animales con un solo jefe. Eran
de diferentes tipos y todos tenían su nombre en particular, pero al conjunto de
estos animales se les llamaba los venecos los cuales trabajaban entre sí para progresar
y tener bonito el bosque de Veneca donde vivían. Estos venecos vivían felices
en un bosque frondoso que producía un extraño oro de color negro, muy apetecido
por los demás reinos, islas y bosques del mundo. Además, Veneca estaba llena de
lagos, comida, luz y elementos para vivir comodamente. A veces era costoso
conseguir esas cosas: pero se conseguían. A pesar de esto, los venecos eran
infelices con su jefe Carlos Rafael (y con razón). Carlos Rafael era un zorro
que no tenía en cuenta a los venecos, solo se interesaba en sí mismo y sus
amigos más cercanos. De vez en cuando, los productos de este maravilloso bosque
se los llevaba a sus bodegas en otro bosque, para no compartirlos con los venecos.
Lejos de ahí, en una isla llamada
Bacu, el jefe era un parásito gigante de barba llamado Fidelino que ya tenía
sometidos a todos sus habitantes, no los dejaba salir de la isla y al que no le
gustaba lo que él decía lo encarcelaba. Bacu
era una hermosa isla, donde sus habitantes no tenían todo lo que necesitaban
para vivir; pues ya se les estaba acabando la sangre que Fidelino le había
chupado por muchos años al bosque de Siarru (un bosque muy grande lejos de la
isla de Bacu). Fidelino tenía un ejército de lagartos que lo protegían; y les
daba casi todos los recursos que chupaba del pueblo de Siarru. Además, premiaba
a los incompetentes del reino de Bacu dándole los mismos recursos a los incompetentes
y a los que trabajaban; lo que incentivaba a los animales trabajadores a dejar
de trabajar para mantener a los incompetentes. Fidelino, que desde hace muchos
años sabía que se le iba a acabar la sangre que le chupaba a Siarru, estaba
tras los recursos de un bosque vecino a Veneca llamado Tobolia. Para eso,
adoctrinó a varios chacales y buitres que con la consigna de “para todos igual”,
atacaran a sus habitantes, los mataran, los secuestraran y robaran por muchos
años con el fin de tomarse el poder. Pero ya iban muchos años y no lograba su
objetivo. Entonces pensó en Veneca, y contactó a los micos.
Entre los micos, había uno que se
destacaba. Este mico, un poco más oscuro que los demás y que tenía una pequeña separación
en los dientes de abajo; tenía por nombre Mandante Hugo. El mico Mandante Hugo
tenía una personalidad envolvente con los que lo oían, y decía lo que le
gustaba y no le gustaba de una forma muy particular y agradable. El mico Mandante
Hugo saltaba de rama en rama y era muy amable con todos los animales parte del
reino de los venacos. Al mico Mandante Hugo no le agradaba el zorro Carlos
Rafael; pero no sabía como hacer para no seguir teniéndolo como jefe. El
parásito Fidelino sabía esto; e invitó a Mandante Hugo a Bacu y empezó a
hablarle y a enseñarle como ser el líder de Veneca aprovechando las habilidades
tan grandes que tenía para hablar y socializar con los habitantes. El parásito Fidelino
le decía al mico Mandante Hugo “aprovecha que Veneca está llena de oro negro y
promete todo lo que puedas”. En el pasado, el mico Mandante Hugo ya había
tenido antes contacto con los chacales y buitres de Tobolia y le preguntó a
Fidelino “¿También les digo que para todos lo igual?”. Fidelino se quedó
pensando un buen rato. Su experiencia sometiendo a los habitantes de Bacu, le
había enseñado que lo importante para buscar animales ciegos que te sigan no es
ofrecerles igualdad de oportunidades; sino que consistía en quitarle al que
tiene para darle al que no tiene, así no haya trabajado por eso; enseñarles eso
como ideología y hacerlos luchar solo por la ideología, no luchar por la
producción. Y que los pocos habitantes que produzcan, alimenten a todos los
parásitos y lagartos que están sobre los demás habitantes. Y entre más
habitantes sin recursos tenga la población, más fácil es lograrlo y someterlos.
Pero también tenía como experiencia el pueblo de Tobolia, que tras muchos años
de tratar de someterlo, no había caído a sus pies. Entonces Fidelino respondió:
“no. No lo hagas. Los animales no saben que es lo que quieren hasta que se lo
impongamos. Primero entra a liderarlos y después aplicamos toda nuestra
sabiduría”. En ese momento, el mico Mandante Hugo se sintió ungido por el
parásito Fidelino por todo lo que le estaba transmitiendo. Pero todavía le
asaltaban algunas dudas. Entre esas estaba “¿cómo haces para mantener a la
población de Bacu sometida, todo el tiempo comiendo lo mismo y sin conocer el
mundo exterior?”. El parásito Fidelino soltó una gran risotada, como si
estuviera esperando esa pregunta desde que conoció al mico Mandante Hugo.
“Hijo”, le dijo de manera enternecedora pues le estaba transmitiendo su
sabiduría. “Nunca te responsabilices de los problemas. Lo importante es siempre
buscar a algún culpable, para que así le des más recursos a lagartos que te
protejan y sometan a los demás habitantes. Yo ya tengo varios años culpando de
todo al reino de Gringonia y me ha funcionado. Entonces aprovecho eso para
darle más recursos a los lagartos, tenerlos contentos, que me protejan y seguir
sometiendo a la población”. “Además”, continuó, “tienes que buscar ante los
demás reinos parecer un Robin Hood, mostrar esa ideología. Así encontrarás
seguidores por todas partes. Además yo tengo muchos años así, lo que me ha dado
tiempo de adoctrinar a nuevos habitantes casi desde que nacen”. Lo que si evitó
Fidelino decirle a Mandante Hugo, fue que por su carácter de parásito lo
principal para sobrevivir era la sangre de los demás reinos y así buscar los
recursos para los lagartos y algunos habitantes de Bacu.
El mico Mandante Hugo, volvió muy
contento a Veneca para aplicar todo lo que le había enseñado el parásito
Fidelino. Y habló con todos los venecos, y pues como la mayoría estaba cansado
de su líder Carlos Rafael porque muy poco se fijaba en ellos y se llevaba
muchos de los recursos de Veneca a partes desconocidas. Al poco tiempo, el mico
Mandante Hugo llegó a ser el líder de los venecos y la mayoría de los
habitantes de Veneca estaban felices.
El mico Mandante Hugo estaba
feliz (y por supuesto el parásito Fidelino también). Todas las enseñanzas
recibidas habían rendido sus frutos y pues no encontraba la forma de
agradecerle a Fidelino. Tenía todo un bosque lleno de recursos y del tan
apetecido y raro oro negro. Los primeros años de su liderato empezó a quitarles
las cosas a los amigos de Carlos Rafael y a dárselas a los que no tenían. Y le
agradecía a Fidelino enviándole oro negro. Después empezó a repartir el oro
negro entre todos los habitantes. Y le agradecía a Fidelino enviándole oro
negro. Y como el Mico Mandante estaba tan contento viendo que los habitantes de
Veneca lo adoraban por lo que hacía, también quería que el mundo lo adorara.
Entonces empezó a regalar el oro negro propiedad de los venecos a los demás
bosques y reinos para que lo adoraran también. Y le agradeció a Fidelino
enviándole oro negro propiedad de los venecos también.
El mico Mandante Hugo, rodeado
por sus más leales amigos estuvo varios años muy feliz liderando a Veneca.
Vivía muy contento liderando al lado de sus amigos el gorila con cara de asno
Platanito, el burro Elí (que parecía que siempre tuviera sueño), la rata
Peluquín, la hiena Andrea, la medusa Regan y el sapo Chiflido entre otros. Y
solo podían trabajar con ellos los que pensaran igual, no importaba si sabían
hacer o no su trabajo. Además, el mico Mandante Hugo pensaba que el oro negro
era para siempre y vendía hasta el que no tenía, prometiendo entregarlo en un
futuro cercano. De esta forma, le empezaron a llegar cosas a los venados,
gatos, conejos y perros sin un buen hogar; que hacían parte de la mayoría de
los habitantes de Veneca y que nunca habían recibido nada de su anterior líder
Carlos Rafael. Además, contó con la ayuda del parásito Fidelino, que le envió
algunos de sus mejores lagartos para que lo protegieran y entrenaran a algunos
lagartos venecos. Entre los perros, Mandante Hugo y sus más leales amigos
escogieron a los perros sarnosos. Su misión era no trabajar ni hacer nada;
solamente era defender lo que ellos estaban haciendo. Y por eso recibían
recursos del oro negro. ¡Ahora sí se podía implementar el lema: “para todos
igual”! De un momento a otro, el mico Mandante Hugo, líder de todos los
venecos, empezó a pensar que todo lo de Veneca era de él, que podía hacer con
las cosas de los venecos lo que quisiera y que no tenía que rendirle cuentas a
nadie. Para eso se apoyaba en los lagartos (tanto propios como de Bacu), sus
leales amigos, los perros sarnosos y los chacales. Estos chacales eran animales
del común (algunos amigos de los chacales y buitres de Tobolia), a los que la
rata Peluquín y el sapo Chiflido les dieron armas para amedrentar a los que no
pensaran como ellos; y les pagaban por eso (y para que no tuvieran que trabajar).
Y como el lema era “para todos igual”, el mico Mandante Hugo se creía con el
poder (y lo tenía) para decidir como distribuir las cosas y que sus leales
amigos y los animales lacayos de sus leales amigos administraran las cosas.
Entonces aparecieron muchas cucarachas que trabajaban para los líderes y que
decían tener el mismo pensamiento, a administrar todo lo que el mico Mandante
Hugo les decía. Estas cucarachas al ver que había tanto, pensaron que estos
recursos que les dieron a administrar nunca se iban a acabar; por lo que cogían
la mayor parte para ellos y los guardaban en unas bodegas afuera de Veneca. Y
si estas cucarachas veían que algún otro animal los veía haciendo esto, se
indignaban y decían que era mentira y que todo lo hacían a nombre de su supremo
líder el mico Mandante Hugo. Entonces, el mico Mandante Hugo al ver que seguía
siendo alabado, se ponía contento y no hacía nada.
De un momento a otro, empezaron
los problemas. Con tanta regaladera del oro negro y que nadie quería trabajar
porque su líder el mico Mandante Hugo les iba a ayudar, empezaron a escasear
los recursos. Había que conseguir más recursos para que los habitantes lo
siguieran adorando sin tener que obligarles a trabajar para ganarse las cosas.
El agradecimiento que le enviaba diariamente a su mentor el parásito Fidelino
debía continuar, no podía dejar que los líderes de los otros bosques lo dejaran
de adorar, tenía que tener contento a los lagartos enviados por Fidelino y los propios
y además tener contentos a los perros sarnosos, las cucarachas y a los chacales;
que de vez en cuando se les pasaba la fuerza amedrentando y terminaban matando
a los otros animales. En lo anterior se iban los principales recursos del oro
negro. Faltaba lo secundario, algo para los animales del común, pues él
necesitaba que lo adoraran. Era difícil conseguirlo, porque muy pocos querían
trabajar. Y con estos problemas, algunos animales empezaron a matar a los otros
con las armas que les dieron la rata Peluquín y el sapo Chiflido. Además
empezaron a aparecer los osos; unos animales muy molestos que cuestionaban todo
lo que ellos hacían. Empezó a surgir en el mico Mandante Hugo el miedo a que
los animales de Veneca y el mundo lo dejaran de adorar. El mico Mandante Hugo
consultó al parásito Fidelino: “¿qué hago?”. Fidelino, que era un ser al que
solo le importaba su propio bienestar, seguir chupando los recursos de Veneca y
que el mundo pensara como él le dijo con una leve sonrisa, “por ahora, lo
importante es mantener el poder. Los habitantes nunca van a saber que es lo que
quieren, se lo tenemos que imponer. Y para mantener el poder y hacer que te
adoren hay una fórmula muy sencilla que te la expliqué la primera vez que nos
vimos: no te responsabilices de nada. Tienes a muchos que culpar: culpa al
reino de Gringolia, al anterior líder el zorro Carlos Rafael y a los osos
molestos. Para eso, tienes que valerte de los perros sarnosos que les pagas
para que te alaben, de los chacales y de los lagartos”. Le preguntó entonces al
mico Mandante Hugo:
- ¿Cuántas cucarachas trabajan para ti?
- No se… muchas.
- Y ¿estas cucarachas le dan trabajo a algunos
animales?
- Algunos animales.
Entonces el parásito Fidelino se
lo dijo sin rodeos: “si no te adoran, oblígalos a adorarte”. Le explicó, que
entre los osos podría surgir algún oso que quisiera ser el líder de los
venecos, y eso había que atajarlo desde antes que sucediera. Por eso tenía que
inventar muchos supuestos trabajos en Veneca (así los animales no tuvieran que
trabajar), para decir que estaba generando recursos para los venecos. Y que
tuvieran claro, que si tu llegas a faltar, dejan de recibir de los recursos que
da Veneca. Y que lo importante no era conseguir animales que supieran lo que
están haciendo, sino animales que pensaran igual que ellos. A los animales
competentes pero que no pensaran igual que ellos había que sacarlos y llamarlos
“traidores” o “infiltrados”. Entonces empezaría a generar miedo a los que no
pensaran igual y los controlaría y obligaría más fácil.
El mico Mandante Hugo volvió a
Veneca y empezó a aplicar lo enseñado por el parásito Fidelino. Le funcionaba a
la maravilla; a pesar de que ya empezaba a escasear el agua, habían menos
árboles, los animales se estaban matando entre sí y la resistencia de los osos.
Ya el pago que recibían los animales no alcanzaba para conseguir lo que querían;
y a veces ni encontraban lo que querían. El mico Mandante Hugo culpaba a
Gringolia si mataban animales, culpaba al zorro Carlos Rafael si no habían
árboles, y culpaba a los osos si no había un pago justo por sus trabajos; solo
por poner algunos ejemplos. Entre los osos y sus aliados, habían unos que se
destacaban; como el oso pardo Nilson, el oso de anteojos Arrio, el oso café
Capri, el leopardo Lopi y la lechuza Manchada. Todos estos animales y sus
aliados eran molestos para el mico Mandante Hugo; por lo que a menudo hablaba
de “exterminarlos” y los trataba de “majunches”. Los leales amigos del mico
Mandante Hugo ya no los veía tan leales. Veía que la rata Peluquín tenía su
propio ejército de lagartos y sacaba los recursos a mega bóvedas fuera de
Veneca. Los demás “leales” amigos, aunque no tenían su propio ejército de
lagartos; aprovechaba para sacar también recursos fuera de Veneca a bóvedas en
el exterior. Y eso estaba pasando hasta al nivel de las cucarachas. Pero bueno…
lo veía como unos pequeños errores porque Veneca estaba llena de oro negro y
pues él también tenía muchos recursos propiedad de los venecos fuera de Veneca
en bóvedas en el exterior. Y pues ese era el precio que había que pagar para
que lo adoraran, y pues el oro negro de Veneca era su caja menor y podía
disponer de este como quisiera, porque él tenía muy claro que Veneca, los
venecos y todo lo que producían era de él y solo de él.
Ya todo no era tan fácil. Los
venecos empezaron a mostar su descontento porque ya no tenían para vivir bien,
siendo uno de los reinos del mundo con mayor cantidad de oro negro en el mundo.
No tenían las cosas que les gustaban y algunos animales estaban matando a los
otros. Y el mico Mandante Hugo veía en eso un problema, porque él tenía que
obligarlos a que lo siguieran obedeciendo y en segunda instancia adorando. Les
insistía que no tener cosas era lo mejor (aunque él y sus amigos sí las tenían);
y buscaba que todo eso se propagara mediante los perros sarnosos que cada vez
eran más. Y entre los osos y sus aliados (como lo había previsto el parásito
Fidelino); surgió el oso café Capri que quería ser líder de los venecos. Muchos
animales empezaron a seguir a Capri. Había que pararlo. Para eso había que
utilizar a fondo la defensa de propaganda de los perros sarnosos, la violencia
de los chacales y el insulto y sometimiento proporcionado por las cucarachas.
Había que buscar animales que en un momento fueron desamparados y convencerlos
de que si él faltaba, les iban a quitar lo que tenían. Pero para hacer eso,
necesitaba recursos y había poco. Se acordó de que había un oro amarillo que
Gringolia le estaba guardando a Veneca. La solución fue sencilla: con ese oro
amarillo se financiaba todo el andamiaje para que lo siguieran eligiendo como
el líder. Entonces, pidió el oro amarillo y se repartió financiando los
lagartos, los chacales, las cucarachas, los perros sarnosos, sus amigos, otros
reinos, algo que se perdió no se sabe donde, una pequeña parte solucionando
problemas y el resto lo guardó en el lejano reino de Chinolia.
Una victoria segura, pues el oso café
Capri jamás contaría con los recursos de Veneca para hacerse líder. Pero había
algo con lo que no contaba: al mico Mandante Hugo le descubrieron una
enfermedad mortal. El más preocupado por esto fue el parásito Fidelino. Claro,
podían enviar al mico Mandante Hugo a Gringolia a que lo curaran; ya que tenían
los recursos necesarios para curarlo. Pero ¿qué tal que no pudieran curarlo?
¿cómo podría seguir chupando los recursos de Veneca?. Convenció a la familia
del mico Mandante Hugo que en Bacu lo podían curar (aunque fueran pocas las
probabilidades); porque ya tenía un plan B por si se moría el mico Mandante
Hugo. Para eso, se consiguió al más manipulable y menos inteligente de los
amigos del mico Mandante Hugo: el gorila con cara de asno Platanito. Él sería
el encargado de acompañar todo el proceso de tratamiento del mico Mandante
Hugo; y sería adoctrinado en caso de que pasara lo peor. Estaban en proceso de
elegir un nuevo líder para Veneca y sucede esta calamidad. El parásito Fidelino
ve que si hay un cambio de líder tan abruptamente, puede perder de un momento a
otro los recursos que succiona de Veneca. Con la llegada del gorila con cara de
asno Platanito a Bacu, se tranquiliza un
poco; pero por en ese momento lo importante es mantener el poder. Entonces, aún
sabiendo que puede matarlo, el parásito Fidelino suspende el tratamiento del
mico Mandante Hugo y lo manda de nuevo a Veneca para que conserve el liderato. Si
todo sale bien, pues sigue chupando de Veneca tranquilamente; y si pasa lo
peor, pues ya tiene el plan B: el gorila con cara de asno Platanito. Como lo
principal es mantener el poder, el parásito Fidelino aprovecha las ansias del
mico Mandante Hugo de querer ser adorado por todos en toda parte, y le dice que
diga que está curado; para que lo sientan como inmortal y un gran líder. Así,
enfermo, convaleciente y con la complicidad de sus hijas las chimpancés
Gabriela y Virginia; vuelve a Veneca a buscar continuar con el poder. En Veneca
continúa con un tratamiento que lo hace ver bien por el momento pero que a
corto plazo lo va a matar; solo para complacer al parásito Fidelino. Con los
recursos del oro negro y amarillo y su presencia en Veneca; los animales lo
escogen de nuevo como líder. El parásito Fidelino respira tranquilo y ve parte
de su plan consumado, pues el mico Mandante Hugo no ha muerto antes de ser
líder de los venecos. Ahora a consumar la siguiente parte del plan. Logra
comunicarse desde Bacu hasta Veneca con el mico Mandante Hugo y le dice: “hijo,
ya lograste mantener el poder que es lo más importante de nuestro lema para
todos igual. Todos te aman. Ahora porque no vienes y descansas aquí un rato.
Pero di que asignas al gorila Platanito por si no te sientes muy bien para
gobernar”. Ya el parásito Fidelino sabía que había matado desde hace tiempo al
mico Mandante Hugo, pero él sabía muy bien que decir y que no, para lograr sus
propósitos. El mico Mandante Hugo, que no cabía de la dicha por sentirse el ungido
del parásito Fidelino, obedeció al instante al parásito Fidelino; dejó al
gorila Platanito como su sucesor y viajó inmediatamente a Bacu.
En Bacu, sucedió lo temido: murió
el mico Mandante Hugo. El parásito Fidelino con la complicidad del gorila con
cara de asno Platanito, las chimpancés Gabriela y Virgina, y la ameba Jorgilio
(esposo de la chimpancé Virginia); ocultaron la muerte del mico Mandante Hugo.
Además, el parásito Fidelino tenía a su favor que las chimpancés hijas del mico
Mandante Hugo, ni tenían remordimiento por mandar a su padre a morir a Bacu, y
hasta se prestaron para hacerse un retrato falso y mostrárselo al pueblo de
Veneca. Entonces, mandaron muerto y escondido al mico Mandante Hugo a Veneca; y
a los pocos días de llegar, el gorila con cara de asno Platanito anunció la
muerte del mico mayor. Y el gorila con cara de asno Platanito dijo que quería
ser el líder de los venecos. Para eso, usó a los perros sarnosos que no
trabajaban para empezar la propaganda a favor del nuevo ungido por el mico
Mandante Hugo y el parásito Fidelino, valerse de los lagartos de Bacu y los
chacales para amedrentar a la los habitantes de Veneca, y que las cucarachas
amedrentaran con quitarles las cosas a las personas que no eligieran al gorila
con cara de asno Platanito. Porque empezó a surgir con fuerza el oso Capri, que
quería ser el líder de los venezolanos y eso no podía ser. El gorila con cara
de asno Platanito designó al sapo Chiflido a que dirigiera a los perros
sarnosos. El sapo chiflido era experto en difamar, mentir y ser violento (pues
había sido entrenado en Bacu). El sapo chiflido sabía arrodillar masas y
controlar animales sin voluntad que solo repitieran lo que él decía; y pues los
animales con menos voluntad que había en Veneca eran los perros sarnosos. Pero,
a pesar de toda esa infraestructura para quedar líder, no la veían tan fácil
por el surgimiento del oso café Capri que buscaba un mejor vivir para los
Venecos.
Una de las cosas con la que no
contaba el parásito Fidelino, era la poca inteligencia del gorila con cara de
asno Platanito. Tenía todos los recursos para seguir siendo líder, y tenía una
gran sumisión a él; pero cada vez que hablaba se le veía más lo asno que lo
gorila. Como no confiaba poder seguir chupando tranquilamente los recursos de
Veneca si el oso café Capri llegaba a ser el líder; ideó un plan para de que el
gorila con cara de asno Platanito siguiera con el poder en Veneca.
Llegó entonces el momento de los
venecos de elegir quien sería su líder. Y como se temía el parásito Fidelino,
la mayoría de los venecos eligieron al oso café Capri. Pero entre el plan del
parásito Fidelino estaba el adoctrinamiento que le dio a una cerda llamada
Pilisai. La cerda Pilisai modificó mediante técnicas provistas por el parásito
Fidelino con ayuda de los lagartos, los chacales y las cucarachas; los
resultados dados por el pueblo de Veneca y entregó como ganador al gorila con
cara de asno Platanito. El fraude fue muy evidente; y el oso Capri y sus
aliados protestaron. Entonces empezó la propaganda liderada por el sapo
Chiflido y sus arrodillados perros sarnosos para mantener al gorila con cara de
asno Platanito en el poder. Y siguiendo los mismos pasos del mico Mandante
Hugo, el gorila con cara de asno Platanito empezó a visitar a los líderes de
los reinos cercanos a regalarles oro negro con tal de que dijeran que él si era
el líder de Veneca. Porque, aunque Veneca tenga menos árboles, menos agua,
menos aseo y esté cada vez conviertiéndose cada vez en un mundo más asqueroso;
los que eran los leales amigos del mico Mandante Hugo no van a dejar de sacar
recursos en beneficio propio para ellos, las cucarachas están felices
amedrentando y recibiendo ganancias por eso, los chacales están felices matando
y recibiendo ganancias por eso, los perros sarnososos están felices sin
trabajar solo por decir que están arrodillados y reciben ganancias por eso; y
todos los que están felices porque reciben ganancias por no hacer nada quieren
que todo siga así. Pero quedó demostrado que la mayoría de los venecos no
quieren que las cosas continúen así; sino que mejoren. Y en este momento, así
estén hundidos en la podredumbre heredada del mico Mandante Hugo, estos venecos
amigos de los osos siguen luchando para tener una Veneca mejor. Es difícil el
camino, pero solo les toca seguir luchando por el cambio; porque sus líderes
cuentan con muchos recursos producto de Veneca para seguir amedrentando a la
población.
Lastimosamente esta historia tiene un
final triste; que se puede convertir a futuro en un final feliz dependiendo de
la lucha que continúen los venecos que busquen una Veneca mejor.
FIN